Tomás Carrasquilla: aquí un moderno

¿Cuándo comienza la modernidad literaria en Colombia? Habrá, por supuesto, que seguir investigando y discutiendo, pero por el momento uno podría decir que esta categoría (lo mismo que la “independencia literaria”) comienza a evidenciarse en las obras de Tomás Carrasquilla. Y no es de poca monta el asunto.

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Una de sus virtudes consiste en la capacidad para crear un  pueblo. Para incluir la cultura de los vencidos, su lenguaje, sus dichos, sus ropajes, sus maneras de celebración, en fin, en la literatura.  Es, a su vez, una especie de historiador de las mentalidades y las costumbres. Muestra al indio, al liberto, al negro, al cura, a los de arriba, a  los posudos y pretenciosos… Pero también la  fiesta, las creencias, la ciudad.

Autor: Reinaldo Spitaletta.

Artículo publicado en El Espectador (Colombia) el 22 de noviembre de 2010.

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Retrato de Tomás Carrasquilla

Retrato de Tomás Carrasquilla

El ave de la pluma de los siete colores

Una de las características de Óigame un escuchito es que en sus cuentos hay numerosas referencias a la fauna y la flora de Antioquia; aquí intentaremos explicaros brevemente esos términos, que podréis encontrar en el libro.

Dice Carrasquilla en uno de los relatos, Simón el Mago: «transportábame a la Tierra de Irasynovolverás siguiendo al ave misteriosa de “la pluma de los siete colores“».

En Arte y trama del cuento indígena, su autor, Carlos Montemayor, comenta que «un motivo recurrente en los cuentos indígenas es la ayuda que todas las aves prestan a la que carece de plumaje abundante». Así es en El pajarito de los siete colores:

«Hubo una vez un pajarito que no tenía ninguna pluma bonita como las del resto de los pájaros. A este pajarito le dolió mucho haber nacido feo, pues cuando iba a espejarse en una sarteneja, notaba que no tenía la belleza del pavo real, el plumaje rojo del cardenal o el plumaje amarillo del X-yuyum, y mucho menos la hermosura de las demás aves. Dios les permitió a todas las aves obsequiarle una pluma, y se convirtió en tan hermoso ser que olvidaba todo por contemplarse en una pequeña poza de agua transparente.

Un día, cuando Dios mandó al pajarito de siete colores a prevenir a los demás pájaros porque los acechaba un gran peligro, ya que se acercaban muchos cazadores al lugar donde habitaban, aprovechó la oportunidad para espejarse en la sarteneja, donde se le olvidó lo que le encomendaron. Pero también, por suerte, la colibrí escuchó lo que Dios le dijo a este pajarito y rápidamente fue a comunicárselo a los demás […]. Entonces, Dios le dijo que, como castigo por su falta de no prevenir a los demás pájaros, de ahora en adelante solo podría acercarse de día a la sarteneja. Además, sería capturado por el hombre para que fuera enjaulado.

Por esta causa, cuando se le escucha cantar al pájaro de siete colores en su jaula, dentro de una casa o en un patio, está pagando su falta por haber sido olvidadizo».

A nuestro compañero se le conoce también en América como visita-flores. «Sus colores son cambiantes y parecen diferentes por cada parte que se mira y, por esta razón, los llaman también los indios pájaros de siete colores», dice Galo René Pérez en Literatura del Ecuador. 

Y cuando el ave misteriosa de la pluma de los siete colores va a renovar la Cédula de Ciudadanía colombiana, el nombre con el que se presenta es Icterus Croconotus.

...Canta en siete colores...

Para leer en el metro

Una razón de peso para leer este libro en vuestro trayecto diario al trabajo, a clase, a casa… ¡Siempre y cuando no vayáis al volante, claro!:

En Medellín (Colombia) puedes leer (a) Tomás Carrasquilla cada vez que subes al metro… ¡tiene un vagón con su nombre! 😉

Tomás Carrasquilla se sube al metro

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